El 2017 no se va: lo llevaré siempre conmigo

El 2017 llegó sin que yo lo entendiera realmente. Lo juzgué mal. Creí que sería como su hermano mayor, el 2016, con unos pocos rasgos superficiales diferentes, como quien espera que los parientes tengan el mismo tipo de nariz u ojos del mismo color. Le pido disculpas por no haberle dedicado una mirada especial, única, desde el principio. Tardé hasta junio para despertar. Cualquier estrago, me lo causé yo mismo. Fue como si tratara de conducir un automóvil automático dando cambios al pedal. Había que aceptarlo tal cual era. Sus bruscas sacudidas obligaban a entrar en su carril. Fue un año sabio e inflexible, un maestro, como es maestra la vida. No fue mejor o peor que otros tiempos, aunque los desmanes de Trump, los cobardes ataques terroristas y las crisis económicas sugieran los contrario. Hay quienes dicen que fue un mal año, pero aprendí a ser agradecido. Ahora sé que no se irá, sino que sus lecciones seguirán conmigo por siempre.

Navidad FUGA SEA 2017

 

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