Como lector (y también como escritor), siempre he sentido una fuerte atracción por estructuras narrativas no tradicionales. Tengo a los escritores que las asumen como rebeldes en el mundo secreto de sus cerebros. Su imagen ante las demás personas puede ser parca, pero malabarean pasando bombas nucleares de una neurona a otra.
Del Boom Latinoamericano, la obra que más me impactó fue la de Julio Cortázar. Después, la Gabriel García Márquez y, aunque muchos no los consideran parte del Boom, las de Guillermo Cabrera Infante y Alejo Carpentier. Los cuatro estiraron los límites de sus prosas con elasticidad improbable.
Y no es que me disguste la literatura realista: hay cuentos y novelas con este tono que dejaron inolvidables sabores en mi paladar lector. La obra de Vargas Llosa, completa, explica con intelectualidad aguda nuestro mundo. Me encanta Bola de sebo, una narración relativamente larga de Guy de Maupassant. Disfruto una enormidad los relatos de Graham Greene, al igual que muchas de sus novelas. Pero desbordar las estructuras normales no tiene comparación; se sale de este mundo y se roza lo ilimitado.
En Panamá, Rogelio Sinán es el mejor de nuestros vanguardistas. A pesar de tenérsele como autor emblemático, es un autor raro. Muchas veces, no se le lee con profundidad. Su obra es mucho más compleja de lo que se cree: fondo y forma se unen para dar una de las visiones más interesantes de la sexualidad.
Y algunos cuentos de Enrique Jaramillo Levi provocan deslumbramientos. Llevan el recurso de los dobles muy lejos, mucho muy lejos, y en el reducido espacio del cuento o el microcuento.
Con la obra del autor Justo Arroyo, sin embargo, tengo vínculos más fuertes. La leí cuando estaba dando saltos entre Panamá y México. El modo en que construye su prosa y las atmósferas de sus cuentos y novelas, te dejan una sensación de epifanía y origen. Como le dije hace poco, lo leo desde hace años con gusto lector y orgullo panameño.
Gracias a Elga Ferguson, amiga panameña que ha tendido lazos con México, pude contactarlo y él accedió amablemente a contestar las preguntas de una entrevista. A continuación, reproduzco la entrevista.
1. Las reseñas y noticias sitúan a la novela LA GAYOLA en un punto altísimo de la técnica literaria. Sin duda, es una obra que toma muchos riesgos porque no es complaciente y refleja la rebeldía de un escritor joven. ¿Hubo otras obras antes? ¿Qué tan consciente estuvo de que sería una novela innovadora? ¿O fue el resultado de un acto de creación espontáneo?
La Gayola es mi primer proyecto literario, y, en efecto, intenté realizarlo con la misma seriedad que se le brinda ––o debe brindar––a toda esquela de presentación.
2. Han visto la luz novelas suyas, cuentos, biografías noveladas y, me atrevo a asegurar, que textos de no ficción, dada su labor como docente. En primer lugar, ¿en qué género literario se siente más diestro o es el que más disfruta? Segundo, ¿Alguna vez ha incursionado en un género no narrativo como, por ejemplo, la escritura de poemas?
“Disfrutar” es un término problemático aplicado al hecho creativo. Escribir resulta una totalidad que no concluye ni cuando el producto está publicado, porque entonces esa obra que se realizó en la más celosa intimidad queda a merced de un público que ni siquiera se conoce. Claro que toda concepción encierra liberación, en que el resultado, “la criatura física,” por así decir, contribuye a terminar con el desasosiego. Este proceso, dicho sea de paso, hermana a todos los géneros. No tengo diferencias creativas entre el cuento y la novela, y resumo el asunto a una cuestión de extensión. Chuchú Martínez, que realizó un prólogo brillante a La Gayola, sostiene que la diferencia entre cuento y novela deviene en una cuestión de densidad, no de cantidad.
La creación teatral permite la colaboración grupal, cosa imposible con los demás géneros. La poesía, no obstante, es un don, una fortaleza imposible de asaltar si no eres un iluminado. En ese caso no importa lo que escribas, siempre se revelará, como sucede con Cortázar.
3. ¿Qué tan presente está Colón y Panamá en su narrativa? En lo personal, considero que, en sus novelas, sobre todo, están nuestros escenarios, pero quisiera saber si coincide conmigo y si hay más referencias.
Colón y Panamá siempre han estado en mi literatura, ya sea como escenarios físicos, concretos, o como atmósferas. Ambas ciudades poseen olores, sonidos y tonalidades que me impresionaron desde adolescente y me acompañaron toda la vida, independientemente del país o el continente en que me encontrara. Se trata de esa magia que comparten ciudades como México o Bogotá.
4. Sus estudios en el extranjero, ¿qué tanto contribuyeron a la creación de su estilo literario? ¿Considera que alguno de sus libros muestra, de alguna manera, a los países en que vivió?
Es muy difícil que no te influyan ciudades tan impactantes como México, La Habana o Nueva York, y de alguna manera u otra aparecen en mi literatura, pero como telón de fondo o ambientes, no como influencias de estilo. El estilo es deudor de ese hombre o mujer que supo hablarte desde tu adolescencia, cuando te abrió mundos y te quitó vendas, y puede abarcar escritores tan disímiles como Virginia Wolf, Miguel de Cervantes o Juan Rulfo. Yo, en lo personal, tengo una deuda impagable con nuestro Rogelio Sinán.
5. Sus narraciones suelen usar alteraciones gramaticales para agilizar la lectura. Por ejemplo, empezar un párrafo con la conjunción «y» o con otro recurso que las reglas de escritura purista no aceptan. ¿Qué consejos en cuanto a estilo ofrecería a otros escritores? ¿Qué tan activo quiere que sea el lector que lee sus libros?
Cada persona es única, su historia, sus experiencias, sus vivencias y hasta su etnia modelan su existencia. “El estilo es el hombre,” dijo Louis Leclerc y siempre, no importa cuánto trate de ocultarlo, lo definirá. Naturalmente que se trata de una excelente oportunidad para dejar una marca de originalidad, cuando todas esas vivencias contribuyen a la personalidad y, en consecuencia, al estilo.
Lamentablemente vivimos una época en que todo viene desmenuzado, de modo que no haya que esforzarse. La época en que el lector participaba en la creación la veo definitivamente atrás. Existen demasiados retos a la lectura para agregarle uno más. Con la inteligencia artificial y el advenimiento de las redes sociales la tendencia nos lleva obligadamente a la simplificación, en que el papel del libro está en entredicho.
6. Finalmente, ¿Cuál es su relación con lo fantástico? ¿Qué cree que aporta lo fantástico a la experiencia lectora?
Me atraen todos los géneros y solo les pido que estén bien presentados, que me involucren, esto incluye tanto lo real como lo imaginario y fantástico.
7. ¿Está trabajando en algún proyecto actualmente?
Sí, tengo varios proyectos andando.
