Habitar Macondo sin saberlo (sobre la reducción del presupuesto del Instituto Nacional de Cultura)

silhouette-3135232Nuevamente se redujo el presupuesto del Instituto Nacional de Cultura de Panamá. En el mejor de los casos, no hay comprensión política sobre lo que significa y hace la cultura. En el peor, la hay y se le teme. Muchas hipótesis podrían barajarse. El planteamiento no es nuevo: ¿por qué necesitaría conocerse a sí mismo un país que solo mira hacia afuera? Requiere entrenarse en actividades técnicas. Debe saber cómo producir. La identidad lo puede llevar a tener autodeterminación y ésta a convertirse en un fardo pesado, difícil de mover, que solo lo retrasaría. Pero la verdad es que se produce mejor cuando se crea, y que cualquiera se mueve más rápido cuando lo hace por cuenta propia.

Considero que siempre ha sido un asunto de paciencia. Invertir en cultura es lo mejor, pero a la larga. No se ha querido esperar a que florezca el árbol, se le quiere cosechar inmediatamente. Acción y reacción. Pero por esta miopía, seguimos postergando nuestro verdadero crecimiento. Por querer correr antes de gatear, corremos mal. Por querer decir un discurso sin estudiar, terminamos tartamudos. Paciencia, por favor, amigos.

Centroamérica impaciente.

Latinoamérica impaciente.

Mundo urgente.

Siempre se dice que conviene arroparse hasta donde alcance la manta, pero cuando no hay manta y nos rodea un viento frío, no duraremos mucho a la intemperie antes de caer enfermos. Estos son tiempos fríos. ¿No se ha visto que Donald Trump desea que Estados Unidos sea para los estadounidenses y el resto del mundo también? ¿Cómo se le contestará cuando pregunte qué tenemos de especial como para que nos respete?

Pero pensemos bien, no solo de las personas, sino también de los políticos. Este sería el mejor de los casos: no se invierte en cultura porque no se le comprende. A ver, entonces, tratemos de explicar. Recurramos a Gabriel García Márquez, el Nobel colombiano, como ejemplo. Él incluyó a Panamá, más de una vez, en sus libros y repitió constantemente que las fuentes de su genio eran reales. Por eso su estilo fue bautizado como realista: Realismo mágico. Este no brotaba de lo que García Márquez veía, sino cómo lo veía. Eso es la cultura: cómo ves las cosas. No es el óleo que cuelga del museo, sino cómo lo interpretas. No el libro que lees, sino lo que este libro acaba significando para ti. La cultura no es la vida, sino cómo vives.

Creo que cada territorio es sublime, exquisito. Pero hay que saberlo ver. ¿Cuántos caminaron por los mismos parajes que recorrió García Márquez sin creer nunca en Macondo?

Teniendo siempre fe en las personas y solo un poco en los políticos, diré que de la cultura depende el futuro.

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