Una geografía de palabras (por Sergio Ramírez, sobre la reciente antología L´amerique centrale raconte)

Centroamérica CuentaLos países de Centroamérica parecen distantes entre sí a pesar de su vecindad geográfica y de que tienen un pasado común, pero somos pedazos de un espejo roto. Países pobres y desvalidos, llenos de flagrantes desigualdades, divididos por prejuicios mezquinos, y, aún en la segunda mitad del siglo XX, oprimidos por dictaduras militares y enfrentados en conflictos bélicos, como la tristemente célebre guerra del futbol entre Honduras y El Salvador en 1969; y más tarde asolados por guerras civiles como las que en los años ochenta se libraron en Nicaragua, Guatemala y El Salvador. Pero aunque se trata de un espejo roto sigue siendo un espejo común, y la literatura ha contribuido a alentarnos en la búsqueda de una identidad, nada menos que volver a juntar los pedazos de ese espejo para reflejar nuestra imagen.

Esta breve antología que presenta L’Atinoir, para los lectores de lengua francesa, es una muestra de la narrativa centroamericana del siglo XXI, y los autores elegidos se distinguen por la excelencia de su individualidad creadora, que se basa en los recursos del lenguaje y la imaginación para buscar nuevas formas de contar. El conjunto de voces presentes en estas páginas abre un panorama de lo que es Centroamérica hoy en su compleja diversidad, cruzada por diferentes fenómenos sociales.

¿Qué representa Centroamérica en los inicios del milenio? Como siempre lo fueron a lo largo del siglo XX, nuestras sociedades no son sino una superposición de estratos geológicos, solo que ahora se agregan nuevos estratos a los anteriores.

Nuevas capas de realidad se forman sobre las antiguas, pero todas conviven al mismo tiempo en una especie de anacronismo simultáneo, con ciertos rasgos de modernidad que provienen casi todos del fenómeno de la globalización.

Por encima de las arboledas que bordean los caminos rurales por donde transitan las viejas carretas tiradas por bueyes, y junto con los campos donde aún se utiliza el arado egipcio, se alzan las antenas parabólicas que recogen las señales de los satélites, y las antenas de las redes de los teléfonos celulares, más teléfonos celulares que habitantes tienen nuestros países.

Al reflejar la vida de los individuos, estos relatos nos muestran la vida de la sociedad centroamericana en sus dramáticas contradicciones, sus abismos de desigualdad, y su enajenación cultural.

En la vida cotidiana de hoy, donde el pasado sigue aún vivo, y se traslapa con el presente, hay no pocas historias que contar.

Los narradores aquí reunidos, que pertenecen a nuestras últimas generaciones de escritores, se asoman a ese pasado con visión crítica, y extraen de la realidad del presente los elementos con que construyen el mundo de la imaginación, paralelo a esa realidad que sigue sorprendiéndonos por sus anormalidades, como si ella misma fuera fruto de la imaginación.

Nuestros escritores, al mostrar cómo escribimos, también muestran al mundo lo que somos y la realidad tan llena de contrastes en que vivimos. Es una buena manera de trazar el mapa de Centroamérica. Una geografía lúcida que solo puede ser descrita con las palabras.

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