Manuel Antonio Noriega. ¿Un personaje literario? (Tercera parte)

El mayor misterio de la caída de Noriega, por lo menos para mí, es los pocos recursos que desplegó para salir airoso. En otras palabras, si sabía que el país sería invadido – varias agencias de inteligencia se lo habían confirmado -, ¿por qué no hizo nada más que armar a los Batallones de la Dignidad y, en sus últimas horas, escabullirse de una casa a otra?

Díaz Herrera sugiere, y es una hipótesis que suena muy lógica, que presionado por los altos cuadros de las Fuerzas de Defensa, creó dos escenarios que lo cercaron y dejaron, a la postre, indefenso: aquel en el que se presentaba como un hombre deseoso de cooperar con la administración Bush, pronto a dejar su puesto como líder máximo de nuestro país y acogerse a un retiro sin mayor poder político pero sin sobresaltos, y el que lo presentaba como nacionalista decidido, dispuesto a proteger a su alto mando de cualquier agresión extranjera o doméstica. El primer escenario, lo creó para dar sentido a las negociaciones que sostuvo, hasta sus últimos días, con el gobierno estadounidense. Y el segundo para tranquilizar a sus más allegados colaboradores. Y entre estos dos espejos, parece sugerir Díaz Herrera, perdió la noción de la realidad.

Perkins resalta que Noriega, aunque era un excelente espía, no tenía las habilidades políticas y el carisma de su antecesor, Omar Torrijos, por lo que no pudo mantener la armonía ni dentro ni fuera de casa. Y esa falta de armonía fue la que acabó llevándolo a una calle ciega.

Otra hipótesis válida, esta de cierta aceptación entre el panameño de a pie, es que Noriega nunca creyó que los norteamericanos se atrevieran a dar el paso decisivo, teniendo él información tan comprometedora sobre ellos. Y es que pareció, hasta sus últimas horas en la Nunciatura, contar con la posibilidad de negociar una salida que le fuera conveniente.

Olmedo Beluche no se plantea este dilema y en su libro La Verdad sobre la Invasión, más bien se ocupa de demostrar la increíble crueldad de la agresión a nuestro país. Sobre esta base, podríamos suponer que Noriega nunca pensó que la administración Bush lanzara un ataque de tal magnitud, sin discriminar o brindar seguridades a la población civil, y que eso hizo trastabillar cualquier plan elaborado que hubiera trazado.

Como sea, lo que podría resultar más hechizante para un lector, si es que Noriega puede ser calcado como personaje literario, que yo creo que sí, es que una chispa de humanidad, una torpeza, una confusión momentánea o un brillo de irreflexivo nacionalismo, hiciera fallar a un hombre que por tanto tiempo supo crear ilusiones para la CIA, los narcos, servicios de inteligencia comunistas y líderes de la misma guardia nacional.

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