Tu isla

Lo primero que debes hacer antes de escribir es aislarte del mundo. En el mejor sentido de la palabra y no para siempre. Por un par de horas al día, quizás. Hay cualidades que no desarrollarás sin interacción social. Un sano sentido de tu propia identidad, por ejemplo, no aflorará así porque sí: sabemos quiénes somos por contraste. Un hombre se da cuenta de que está gordo porque conoce a personas delgadas. Alguien toma conciencia de que su tono de voz es ronco porque escucha el de sus amigos. Siempre estamos comparando nuestra altura con la de los demás.

Pero pensar y entrar en estado de Luna, dos pasos imprescindibles para generar tu primer borrador, no ocurrirán en medio de una muchedumbre ruidosa. Pensar es pasar revista mental a distintas opciones, por lo general nacidas de nuestras experiencias. Y entrar en estado de Luna, como le llamamos nosotros, es asomarnos a nuestro inconsciente, es soñar o distraernos. No he incluido investigar porque existen varias maneras de hacerlo socialmente, como en una entrevista. Recuerda que los tres pasos para la creación del primer borrador son: 1) Pensar 2) Investigar 3) Luna. Deberíamos acostumbrarnos a vernos como seres equilibrados. No somos un lado de la realidad u otro: somos ambos lados de la realidad. En otras palabras, somos seres sociales e íntimos. Requerimos aprendizajes de nuestra convivencia con los demás, y del contacto profundo con nosotros mismos.

En definitiva, para escribir necesitas una isla y no te sientas mal por ello. Esta isla es, en realidad, un espacio interior. No es lo que haya alrededor tuyo, sino cómo recibes lo que está alrededor tuyo. Puedes estar en una isla, aunque permanezcas en un restaurante lleno de gente. Pero que nadie comience a conversar contigo, que nadie interrumpa tu conexión lunar. Lo mejor es buscar lugares donde nadie te conozca. No obstante, si el sitio está desierto, mejor que mejor. Además de la cafetería que mencioné, te sugiero tu casa, una habitación de tu casa. Ahí tendrás que tomar en cuenta los horarios. Habrá lapsos de tiempo en los que la casa estará vacía y esos serán los mejores. Pero además de tu casa y la cafetería, no es descabellado pensar en un parque colmado de naturaleza. Siéntate en una banca, relájate y, si puedes, medita. Cuando estés listo, saca la libreta que llevas siempre y anota lo que ese momento de tranquilidad te regaló.

Resumiendo, estas son las tres posibilidades que he sugerido:

  1. Cafeterías donde nadie te conozca.
  2. Tu casa en las horas en que está lo más vacía posible.
  3. Un espacio abierto, donde puedas relajarte y escribir en una libreta.

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