Darío Oses sobre Nostalgia de escuchar tu risa loca de Carlos Wynter

articles-60580_imagen_0Hace algunos años, sin conocernos, Darío Oses tuvo acceso al manuscrito de Nostalgia de escuchar tu risa loca. Le agradecí ya con la publicación del libro, que hubiera dejado las palabras de este “post”, las que sin duda me alentaron para seguir adelante con el proyecto.

Darío Oses nació en 1949 en Santiago, estudió en el liceo Darío Salas y se diplomó en la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile. Ha desempeñado múltiples funciones -corrector de pruebas y de estilo, reportero periodístico, cronista y crítico literario, redactor publicitario, guionista de televisión. Actualmente es Director del Departamento de Asuntos Culturales de la Universidad de Chile.

Su actividad central es, con todo, la escritura. Ha destacado como cuentista, dramaturgo y novelista. Más aquí.

Es una excelente novela. Ya desde el título establece una conexión intertextual no con obras literarias sino con letras de canciones populares de un amplio repertorio latinoamericano, desde el tango hasta la música tropical. El protagonista, Arcos, es un músico popular y profesor de música, y tiene cuarenta años. Él mismo, que a la vez es narrador, se define así: “No soy rico ni mucho menos, pero administro bien lo que me pagan. Trabajo en el Conservatorio Nacional, imparto clases privadas y toco con Son de Mar una decena de veces por mes. Tengo que ser organizado porque me gusta vivir sin presiones. Digamos que mi situación económica es estable. Mi bigote cae perfectamente  a ambos lados de mi boca. Mi cabello (…) casi siempre, en una cola de caballo. Orden.”

                En congruencia con este orden, la novela parte relatando las rutinas y rituales cotidianos del protagonista. Pero poco a poco van apareciendo sucesos que empiezan a desordenar el mundo bien organizado de Arcos, hasta hacerlo caótico. La transición entre el orden y la descomposición está muy bien lograda y va aparejada con una progresiva ambigüedad entre lo real y lo ilusorio. Comienza con cosas casi naturales como la aparición de la virgen y el niño en los juegos de luces y sombras que a cierta hora de la tarde se producen en un café, o los delirios de algunos personajes, como Leónidas, que ve al general Torrijos resurrecto o reporta obsesivamente informes de otras personas que lo ven. O Gabriela que ha desarrollado una paranoia con una secta que odia el pasado. Poco a poco estos delirios van saturando la realidad hasta desplazarla y ocupar el lugar de ella.

                El título cuenta de una de las líneas del relato que es el alejamiento de muchas mujeres, empezando por Estelita, la vocalista del grupo, que se va a México, y la nostalgia que su ausencia produce en el reto del grupo, que es íntegramente masculino. No menos nostalgia le produce a Arcos la partida de su amante minusválida, Juanita Jones. Hay otra mujer, Ana Rosales, que es pura ausencia y pura evocación nostálgica, hasta el punto en que el protagonista, cada cierto tiempo, llama a su teléfono, sabiendo que el único que va a contestarle es el marido, tan herido de nostalgia como él mismo.

                Dentro de esta locura progresiva que va inundando la realidad cotidiana, aparece otro personaje, que como la imagen especular de Arcos y que hace cosas que le atribuyen a él.

                El lenguaje es muy eficaz, con notables hallazgos, y el relato es fluido, la novela se lee con interés y facilidad, sin perder en ningún momento su calidad literaria.

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