Gaspar y Baltazar merecen seguir la estrella

Los tres reyes magos son símbolos sublimes. Enseñan que Dios, al menos el Dios bíblico, acoge a todos. Melchor representa al continente europeo. Gaspar, el asiático. Y Baltazar, el africano. El primero ofreció al Niño Jesús oro, o sea, majestuosidad. El segundo, incienso, o conexión con el espíritu. Y Baltazar, el tercero, Mirra, que se empareja con lo humano. Majestuosidad, espiritualidad y humanidad; los tres presentes que ofrecieron los magos al Niño Dios. La estrella de Belén hace que converjan desde diferentes partes del mundo ante el pesebre. Latinoamérica, sin representante obvio, podría encarnar a los tres convocados. Los latinoamericanos tenemos sangre de Europa, Asia y Africa.

Hace escasos días un país que se quiere europeo, bombardeó un país mestizo. A estas alturas, nadie puede negar que lo motivó apropiarse de sus recursos naturales. La inocencia de Maduro es cuestionable, pero desmantelar un sistema de gobierno no tiene nada que ver con ajusticiar a una persona. Es curioso que otra invasión militar, no tan divulgada como esta, se parezca demasiado. Ambos personajes depuestos enfrentaron cargos de narcotráfico en Norteamérica. Ambos bombardeos rondaron las fechas festivas de fin de año. Y la prensa mainstream satanizó tanto al Noriega panameño como al Maduro venezolano. El modus operandi no ha cambiado y parece funcionar igual de bien.

Pero hay un mensaje cifrado entre líneas. Pueden traducirse las palabras de Trump tras el ataque como sigue: «Somos mejores que ustedes. Nadie tiene el poderío, la voluntad y las armas suficientes para enfrentarnos. Tomaremos lo que nos dé la gana y no podrán hacer nada al respecto».

Esto es lo que más preocupa, que el Chapulín Colorado no podrá dañar con su chipote chillón a un Super Man armado hasta los dientes. Y que lo que nos enseñaron desde niños, que la justicia siempre triunfa, es una lección que puede borrarse con una orden venida de la Casa Blanca.

Se pretende prescindir de Gaspar y Baltazar en este viaje. Curiosamente, los regalos de los que nos privamos son nuestra espiritualidad y humanidad. Queda la realeza del oro, que puede ser fácilmente trucada por orgullo, soberbia. Queda el oro, el oro negro, y quién sabe qué otros oros exija el Rey Trump.  

La imagen es obra de Elf-Moondance

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